La tensión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias, al ser bombeada por el corazón. Cuanto mayor sea esta tensión, mayor esfuerzo tiene que realizar el corazón y por tanto hablamos de hipertensión cuando existe una elevación sostenida de la presión arterial sistólica (la que llamamos máxima habitualmente), de la diastólica (la mínima) o de ambas.

En la actualidad representa el mayor problema de salud a nivel mundial y en nuestro país la padecen algo más del 40% de los adultos. Sin embargo, se sabe que hay un alto porcentaje de casos sin diagnosticar ya que, si no se controla con regularidad, puede tardar mucho tiempo en detectarse. En la tabla siguiente, podemos ver a partir de qué valores se considera hipertensión:

Existen factores que van a favorecer la aparición de esta patología y que no vamos a poder modificar, como son la genética, la edad, el sexo (menor prevalencia en mujeres hasta la menopausia) y la raza (la raza negra presenta el doble de probabilidad de padecerla y peor pronóstico que la raza blanca). Pero hay otros factores, en los que sí vamos a poder intervenir y que están ligados a nuestros hábitos de vida como por ejemplo:

  • Tabaquismo

  • Obesidad

  • Elevado consumo de sal, alcohol y grasas saturadas.

  • Estrés

  • Nivel bajo de actividad física

  • Algunos medicamentos como los anticonceptivos orales y descongestivos.

El primer consejo sería adquirir hábitos de vida más saludables,  eliminando el consumo de todo aquello que nos está perjudicando y hacer ejercicio con regularidad. En cuanto ejercicio, no es necesario un ejercicio intenso, sería suficiente con caminar.

Si a pesar de tomar estas medidas no se consigue que la tensión disminuya, nuestro médico recurrirá a alguno de los muchos fármacos que existen en el mercado para regular la tensión arterial.

En cualquier caso, decíamos que hay un porcentaje importante de la población que desconoce que es hipertenso y esto es porque nunca se ha medido la tensión, o al menos no con la frecuencia necesaria. Puede acudir a su Centro de Salud o tomársela por su cuenta con ayuda de un tensiómetro electrónico, pero en este último caso es importante saber cómo debe hacerse. Lo primero sería elegir un aparato validado clínicamente y preferentemente de brazo. El ambiente en el que estemos debe ser tranquilo, no se debe tener prisa por ir a ningún sitio y se debe haber guardado reposo al menos cinco minutos antes de hacer la medición. Tampoco se debe de haber comido, fumado o tomado bebidas alcohólicas o bebidas excitantes previamente. Lo más práctico es hacer la medición nada más levantarnos por la mañana, antes de desayunar y tras vaciar la vejiga.

La postura también es importante. Debemos estar bien sentados, con la espalda apoyada en el respaldo de una silla y el brazo extendido sobre una mesa. Los pies deben estar apoyados en el suelo y las piernas sin cruzar. No se debe hablar.

Una vez cumplidos todos estos requisitos, la primera vez tomaremos la medida en ambos brazos y nos quedaremos con aquél que nos de un valor más elevado. En el caso de que el valor sea el mismo, elegiremos el brazo que no sea dominante (izquierdo si somos diestros o el derecho si somos zurdos). Tras esperar aproximadamente dos minutos se debe volver a realizar la medición. El valor definitivo será la media de los dos.