A estas alturas ya nos hemos acostumbrado a ver esta frase por todas partes, pero me veo en la obligación de insistir en ella porque lo cierto es que algunos (una minoría) todavía no tienen interiorizado su significado. Vamos ya por la segunda semana de confinamiento y nos encontramos con situaciones tan incomprensibles, como las que os voy a relatar.

La receta electrónica, junto con el perro y otras alternativas, se ha convertido en el  “salvoconducto“ adecuado para poder salir de casa. Hay personas que llegan a la farmacia, esperan a ser atendidos y cuando llega su turno te dicen “mira a ver si sale algo en la receta“ sabiendo perfectamente que retiraron su medicación el día anterior y que hasta dentro de un mes no necesitan nada. También tenemos al que va “administrando” lo que se quiere llevar, hoy viene a buscar las pastillas del colesterol, mañana las de la tensión, pasado las de la diabetes, y así sucesivamente. Estos casos son sobre todo de personas mayores con diversas patologías que deberían llevarse toda la medicación junta y no salir de casa.

Por otro lado, al igual que en otro locales de atención al público, hemos puesto unas líneas en el suelo con una distancia de un metro entre sí, de manera que se guarde la distancia de seguridad recomendada entre usuarios y también con las personas que les atienden. Pese a ello, muchas personas dejan sus pies más o menos en esa línea pero apoyan las manos en el mostrador sobre el que, por mucho que se desinfecte, alguien puede haber tosido, estornudado o puesto también encima sus manos.

También nos encontramos con el caso opuesto. Personas que han llevado la limpieza y desinfección de sus casas al límite y vienen con las manos destrozadas o intoxicadas por haber estado  inhalando la mezcla de lejía y amoniaco que han preparado para limpiar. Lo recomendado para desinfectar superficies es utilizar 1 parte de lejía al 5% (es la concentración que se comercializa habitualmente) por cada 50 partes de agua y no mezclarla con nada más. Si tenemos alguna persona infectada en casa, deberíamos usar paños desechables para la zona donde se encuentre confinado el enfermo. Otra opción, para superficies metálicas o más delicadas, sería usar el agua oxigenada al 3%.

Las manos debemos lavarlas con agua y jabón, al menos, cada vez que salgamos y entremos de casa. Pero cuidado!, por el abuso de higiene y de productos desinfectantes estamos empezando a ver personas con problemas de piel en sus manos. Es recomendable hidratarlas después de cada lavado con una crema adecuada. Los productos más recomendados para la desinfección de manos es el etanol (entre 62% y 71%), isopropanolol al 75% y el agua oxigenada al 0,5%. También podemos usar geles hidroalcóholicos, aunque actualmente es un producto que escasea. La lejía no está indicada para utilizar sobre la piel, solo para superficies.


Desde los centros de salud, mutuas y otros organismos sanitarios, se está promoviendo que los pacientes no salgan de sus domicilios para ir a recoger recetas o visados. Colaboremos entre todos y los que puedan, que se queden en casa.