Como decía Antonio Machado, “la primavera ha venido pero nadie sabe cómo ha sido”, pero seguramente ya habéis notado que los días son un poco más largos, las temperaturas más benévolas y nos apetece pasar más tiempo al aire libre. 

Pero la primavera no es la más celebrada por los alérgicos al polen (en España son casi ocho millones de personas) a los que les toca convivir con algunos síntomas, leves en su mayoría, pero poco agradables: ojos llorosos, picor de garganta, goteo nasal y tos.

Todo ello puede afectar al descanso, a la vida laboral y provocar el empeoramiento de otras patologías ya no tan leves, como son el asma, la sinusitis o las infecciones de oído.

A pesar de que la mayoría de los síntomas son muy similares al de un resfriado común, el culpable de ellos no es un virus, sino una respuesta del sistema inmune frente a algo tan inofensivo para los no alérgicos, como son los granos de polen que desprenden las plantas. 

A pesar de que se puede pensar lo contrario, la incidencia es mayor en las ciudades porque los efectos se agravan con la contaminación. También es importante saber que no todos los alérgicos son sensibles a los mismos tipos de plantas. Por ejemplo, en el norte y centro de la península ibérica​ es más frecuente la alergia a las gramíneas y en el sur de la península ibérica es más frecuente la alergia al olivo, ya que son las plantas más abundantes en cada territorio. También el clima ejerce una influencia importante, ya que por ejemplo, la lluvia al comienzo limpia la atmósfera, pero también favorece la floración y por tanto el aumento de las concentraciones de polen.

Hay algunas medidas que podemos tomar para disminuir la exposición como son:

  • No secar la ropa en el exterior

  • No tumbarse en el césped.

  • No salir a la calle ni abrir las ventanas en las franjas 5:00-10:00 y entre las 19:00-22:00 porque son las horas de mayor polinización.

  • Mantenerse informado de los niveles de polen de tu localidad para evitar salir cuando sean más elevados. Se puede consultar la página de la Sociedad Española de Alergología donde se pueden comprobar los distintos  niveles de polen en cada  Comunidad y que puede resultar bastante útil https://www.polenes.com

Si a pesar de todo esto, los síntomas empeoran, lo más recomendable es acudir a un especialista para que le recomiende algún antihistamínico que frene la reacción.

No obstante, el único tratamiento que puede hacer mejorar la alergia y en ocasiones, curarla, es la inmunoterapia. Se trata de una vacuna, que se administra por vía sublingual o subcutánea y consiste en ir administrando pequeñas dosis progresivas del alérgeno, en este caso el polen, para que el organismo se vaya acostumbrando poco a poco y deje de reaccionar frente a él.