La tos es un reflejo involuntario que utiliza nuestro cuerpo para eliminar sustancias extrañas como pueden ser el polvo, las sustancias químicas irritantes, el tabaco, los virus, las bacterias ,… Es por ello, un mecanismo de defensa de las vías respiratorias. 

Conviene distinguir dos tipos de tos para saber qué es lo que se debe hacer en cada caso:

Tos seca: sucede cuando no se produce exceso de moco (o flema) y es bastante molesta. Se llama también tos irritativa y debemos intentar calmarla para que  interfiera lo menos posible en nuestra vida diaria y nuestro descanso. Las temperaturas demasiado elevadas en nuestra casa no son recomendables. Se aconseja mantener la temperatura entre 18 ºC y 20 ºC si es posible.  También conviene mantener un grado de humedad adecuado, por lo que sí notamos el ambiente demasiado seco, podemos utilizar un humidificador. También es perjudicial exponerse al frío si hemos sudado y, por supuesto, fumar,  ya que el humo irrita las vías respiratorias. Los caramelos de miel o hierbas pueden ayudar ya que suavizan la garganta pero es mejor que no tengan mentol. Si a pesar de todo no mejoramos, podemos acudir  a la farmacia para que nos recomienden algún jarabe antitusivo, por ejemplo con dextrometorfano. En caso de que el proceso dure más de tres semanas debemos acudir al médico ya que se considera crónica.


Tos productiva: en este caso existe un aumento de la producción de flema, sea una evolución de la tos seca o no, ya que no es raro que se comience con tos seca que se pase a una tos productiva. En cualquier caso, lo que se debe hacer es facilitar la expulsión de esta flema bebiendo muchos líquidos y si no es suficiente, recurrir a mucolíticos y/o expectorantes. Un mucolítico actúa disminuyendo la viscosidad del moco para que sea más fácil su expulsión y los expectorantes estimulan su eliminación.